¿Maestros mediocres o ministros cínicos?

El autor se mete de lleno en el debate educativo del país, y carga contra un sistema que acorrala a los docentes en una realidad miserable.
por Pablo Lacoste, historiador
Las declaraciones del ministro de Educación, Juan Carlos Tedesco, en el sentido de calificar de “mediocre” a las escuelas públicas y privadas de la Argentina, merecen un análisis detallado.El ministro usa un concepto muy duro. Con ese calificativo, una persona de afuera puede pensar que las escuelas argentinas funcionan mal. Naturalmente, si los responsables son los docentes, ellos son los primeros en recibir el calificativo de “mediocres”. El observador puede imaginarse escuelas descuidadas y en mal estado. Docentes muy desmotivados y con escasa capacidad para motivar a los estudiantes. A su vez, si las escuelas son mediocres, los alumnos tienen que sentirse en un ambiente poco estimulante. Esos alumnos tendrían a su frente, maestros a los cuales no admiran. Los alumnos sienten que no vale la pena ser como sus profesores, porque les dan la sensación de ser fracasados. Perdedores. Entonces, los alumnos –o al menos, muchos de ellos- tienden a pensar que hay dos mundos: el mundo formal, mediocre y aburrido, sin horizonte, dado por la escuela; y el mundo real, atractivo y con oportunidades, dado en la calle. Por este camino, el alumno no admira al maestro y se pone en condiciones de admirar otro modelo, que sí va a encontrar fuera de la escuela y al cual va a percibir como exitoso.Por este camino, se aflojan los lazos del alumno con la escuela, y se abre la posibilidad de estrecharlos con el líder que encuentra en la calle y posiblemente lo lleve al camino del delito.

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